A veces nos toca ingresar a otro mundo. Quizás por casualidad, quizás estamos buscando un sacudón.
Ahora estoy-literalmente-en otro mundo. Desde la ventana el paisaje es increíble y es todo un descubrimiento para mí.
Frío, nieve, dinero. Centro de ski cerca del sky.
No comprendo los códigos ni sé como desenvolverme en la nieve.
Hace 3 días que llegué al fin del mundo, una frase que parece resumirlo todo. Es como un "yo soy así y no puedo cambiar".Una afirmación maldita.
Y como suele sucederme, me siento más cerca que nunca. Cerca del hoy, cerca de mí.
Muchas veces decimos o pensamos "esto es el fin del mundo" y me sentí ahí, sin moverme de mi casa.
Desperté con un fuerte dolor de cabeza y el sol en la nuca provoca un sin cesar de palpitaciones raras en mi sien.
Ushuaia es una bella ciudad con montañas y todo lo demás. Estoy muy contenta de visitarla, de tener esta oportunidad.
Aquí la naturaleza es imponente, se te viene encima.
Hace unos meses, en Hokkaido, mi amiga Mio (cantante japonesa) quería convencerme de ir a un baño público. Ella practica el deporte del convencimiento y del no sufrimiento también. Sin pensarlo demasiado, le dije que no podría hacerlo, que tenía una timidez elevada. Ella me respondió-naturaleza es más grande que vergüenza-
La sabiduría oriental suele dejarte sin palabras.
Hoy, esa enseñanza cobra un valor gigante. Es así, nada tengo que hacer en este lugar pero la naturaleza es más que todo. Me entrego y me siento frente al plato de comida más caro de mi vida. Luego leeré y regresaré a la ciudad en trasporte regular.
Dentro de este restaurant suena una música. Sin ánimo de mostrar maldad deben elegir lo peor posible, quizá como castigo.
Por momentos pienso: no hay modo que vibren en la misma tonalidad visitantes y paisaje. Notas naturales y notas alteradas intentando convivir. Un silencioso combate entre negras y blancas.
Tal vez todos estamos de más. Tengo que pensarlo bien y ya no puedo seguir escribiendo. La montaña me llama y la nieve me recuerda a la propia, a la que debo sacar de mi corazón.
Compraré una pala y comenzaré el trabajo. Se acerca la primavera, el sol me dará una mano. Es natural.
lunes, 19 de septiembre de 2011
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Aliento
Alentar significa dar vigor. Mantener vivo un sentimiento.
Asocio directamente esta palabra con los maestros, quienes tienen la misión de alentar. Claro que no todos cumplen con esta tarea ni tampoco es primordial para el gremio.
Yo encontré un lugar dentro del grupo de alentadores. Porque mas que maestra me considero alentadora profesional.
Hay amigos y familiares que tienen el vicio de desalentarte, está lleno este mundo de desalentadores. Algunos lo hacen sin saberlo, algunos meditan el modo de cumplir su objetivo.
Otros te desalientan tan solo con mirarte. O te llega el viento al conocer sus modos, sus reacciones, casas, canciones, comidas y pueden tirarte fácilmente a la nada misma. Al desaliento.
También están los opuestos, los súper alentadores.
La memoria, participa del juego.
Puedo recordar perfectamente la sensación al regresar del primer concierto (para mí) de Charly García. La emoción era inmensa, no entendía que me pasaba y ahora, tomando distancia pero queriendo reservar esa “sensación” para la perpetuidad, me doy cuenta claramente que fue aliento puro.
Ya no sería la misma después de escuchar semejante música. ¡Y aún tenía que resistir toda la escuela secundaria!
Yo soy fan de Charly, no puedo ocultarlo. Su música me acerca a mi infancia, es la banda sonora de mi vida.
Charly García visitó el oeste en varias oportunidades y pude verlo dos veces. El concierto memorable del que hablo fue en un cine de floresta sobre la avenida Rivadavia. Muchos años después lo vi a Spinetta en este mismo lugar.
No es que tuviera ganas de ser Charly, no hablo de ese tipo de aliento, quería hacer mi canción pero esa fuerza venía desde él. Un guiño a la confianza-que claramente- no tenía.
También los conciertos de El amor después del amor fueron increíbles y pertenecen a la misma época. Ir hasta el centro ya era toda una aventura y no recuerdo si pedíamos permiso en casa para asistir...lo tengo completamente borrado.
También vi ese show en el Club de Morón y desde la puerta escuché la prueba de sonido. Repetían mil veces el riff de “Trafico por Katmandú”.
Mis maestros, Eduardo Percossi y Claudio Schulkin tienen un puesto primordial en mi Top de alentadores y Villavicencio es el number one. Lo es desde antes de conocerlo en persona. Y Luz de la noche es eso, aliento mutuo y amor a la música.
Para cada persona es distinto. Algunos no necesitan del aliento ajeno, tienen su propio reservorio, y tampoco pueden alentar y no está nada mal.
También hay historias que desalientan tus propios proyectos, quizá porque son muy tristes o despiertan miedos desconocidos. Y otras vidas que te brindan un vigor único.
Si todos tuviéramos una familia alentadora ¿no conseguiríamos nuestros sueños? ¿O todo lo contrario? ¿Nos puede perjudicar el exceso de empuje?
Tampoco quiero caer en ese sentimiento Yanqui indescriptible y digno de programas tales como Extreme Makeover. El ¡tu puedes hacerlo! ¡Come on! Que más que aliento suena a vacío, a falsedad. Aunque ellos se la crean.
Hace unos años conocí a “El Perro” en una calle de Ituzaingo bien temprano por la mañana.
El Perro es el genial Raúl Perrone, otro alentador en mi lista, primordial también.
Ha difundido mi obra incluyendo canciones en películas y compartiéndolas con su entorno. Mueve mágicas energías.
El es el independiente y así vive. Su coherencia es inquebrantable. Su cine es personal, fuerte.
Tiene un taller de cine en su barrio y junto a sus alumnos hicieron los videos de “Luz de la noche” que hace unos días colgué en la Web en:
http://www.youtube.com/user/PerroneLuzdelanoche
Perro querido: para mi es aliento puro este proyecto. Ver lo que otros, miradas que alientan el corazón y oídos que abren los ojos.
Un profundo dialogo entre alentadores. Una cuestión personal.
Asocio directamente esta palabra con los maestros, quienes tienen la misión de alentar. Claro que no todos cumplen con esta tarea ni tampoco es primordial para el gremio.
Yo encontré un lugar dentro del grupo de alentadores. Porque mas que maestra me considero alentadora profesional.
Hay amigos y familiares que tienen el vicio de desalentarte, está lleno este mundo de desalentadores. Algunos lo hacen sin saberlo, algunos meditan el modo de cumplir su objetivo.
Otros te desalientan tan solo con mirarte. O te llega el viento al conocer sus modos, sus reacciones, casas, canciones, comidas y pueden tirarte fácilmente a la nada misma. Al desaliento.
También están los opuestos, los súper alentadores.
La memoria, participa del juego.
Puedo recordar perfectamente la sensación al regresar del primer concierto (para mí) de Charly García. La emoción era inmensa, no entendía que me pasaba y ahora, tomando distancia pero queriendo reservar esa “sensación” para la perpetuidad, me doy cuenta claramente que fue aliento puro.
Ya no sería la misma después de escuchar semejante música. ¡Y aún tenía que resistir toda la escuela secundaria!
Yo soy fan de Charly, no puedo ocultarlo. Su música me acerca a mi infancia, es la banda sonora de mi vida.
Charly García visitó el oeste en varias oportunidades y pude verlo dos veces. El concierto memorable del que hablo fue en un cine de floresta sobre la avenida Rivadavia. Muchos años después lo vi a Spinetta en este mismo lugar.
No es que tuviera ganas de ser Charly, no hablo de ese tipo de aliento, quería hacer mi canción pero esa fuerza venía desde él. Un guiño a la confianza-que claramente- no tenía.
También los conciertos de El amor después del amor fueron increíbles y pertenecen a la misma época. Ir hasta el centro ya era toda una aventura y no recuerdo si pedíamos permiso en casa para asistir...lo tengo completamente borrado.
También vi ese show en el Club de Morón y desde la puerta escuché la prueba de sonido. Repetían mil veces el riff de “Trafico por Katmandú”.
Mis maestros, Eduardo Percossi y Claudio Schulkin tienen un puesto primordial en mi Top de alentadores y Villavicencio es el number one. Lo es desde antes de conocerlo en persona. Y Luz de la noche es eso, aliento mutuo y amor a la música.
Para cada persona es distinto. Algunos no necesitan del aliento ajeno, tienen su propio reservorio, y tampoco pueden alentar y no está nada mal.
También hay historias que desalientan tus propios proyectos, quizá porque son muy tristes o despiertan miedos desconocidos. Y otras vidas que te brindan un vigor único.
Si todos tuviéramos una familia alentadora ¿no conseguiríamos nuestros sueños? ¿O todo lo contrario? ¿Nos puede perjudicar el exceso de empuje?
Tampoco quiero caer en ese sentimiento Yanqui indescriptible y digno de programas tales como Extreme Makeover. El ¡tu puedes hacerlo! ¡Come on! Que más que aliento suena a vacío, a falsedad. Aunque ellos se la crean.
Hace unos años conocí a “El Perro” en una calle de Ituzaingo bien temprano por la mañana.
El Perro es el genial Raúl Perrone, otro alentador en mi lista, primordial también.
Ha difundido mi obra incluyendo canciones en películas y compartiéndolas con su entorno. Mueve mágicas energías.
El es el independiente y así vive. Su coherencia es inquebrantable. Su cine es personal, fuerte.
Tiene un taller de cine en su barrio y junto a sus alumnos hicieron los videos de “Luz de la noche” que hace unos días colgué en la Web en:
http://www.youtube.com/user/PerroneLuzdelanoche
Perro querido: para mi es aliento puro este proyecto. Ver lo que otros, miradas que alientan el corazón y oídos que abren los ojos.
Un profundo dialogo entre alentadores. Una cuestión personal.
viernes, 26 de agosto de 2011
Sueño
Hoy tuve un sueño muy raro.
Caminaba sola por una feria parecida a la del Parque Rivadavia. De repente escucho que desde un puesto sale una música genial, hermosa y conocida. Me dirijo a la fuente y descubro que es una canción de Rada Rubén cantada por Matsuda Mio. La pieza es realmente genial. Profunda, alegre y sentida, nada mas se le puede pedir a una canción.
Le pregunto al chico que está sentado junto al grabador donde consiguió el disco porque aún no está a la venta y me muestra una cajita de tapa rarísima sin letras ni títulos. Alega tener un “original” en sus manos-podría ser el master- me dice y sonríe.
Su cara la tengo de algún lugar y pensando con fuerza unos segundos me doy cuenta que es el protagonista de un video que muy amorosa y felizmente para mí Perrone Raúl hizo de una canción de Luz de la noche llamada "Nada de vos".
Le digo al chico-yo te conozco- pero parece no escucharme.
Sufro por la desconexión pero no puedo dejar de acompañar la canción con mi voz y el coro que grabó Fattoruso Hugo me llena de alegría. La canción es “Adiós a la rama”.
Termina diciendo: -me despido de las flores, me despido de su olor…-y así me alejo pensando en volver y en ocultarle a mi amiga lo que pasó.
Ella está en Kyoto ahora, visitando a sus padres. Seguramente nunca vendrá a esta feria y yo tampoco.
Caminaba sola por una feria parecida a la del Parque Rivadavia. De repente escucho que desde un puesto sale una música genial, hermosa y conocida. Me dirijo a la fuente y descubro que es una canción de Rada Rubén cantada por Matsuda Mio. La pieza es realmente genial. Profunda, alegre y sentida, nada mas se le puede pedir a una canción.
Le pregunto al chico que está sentado junto al grabador donde consiguió el disco porque aún no está a la venta y me muestra una cajita de tapa rarísima sin letras ni títulos. Alega tener un “original” en sus manos-podría ser el master- me dice y sonríe.
Su cara la tengo de algún lugar y pensando con fuerza unos segundos me doy cuenta que es el protagonista de un video que muy amorosa y felizmente para mí Perrone Raúl hizo de una canción de Luz de la noche llamada "Nada de vos".
Le digo al chico-yo te conozco- pero parece no escucharme.
Sufro por la desconexión pero no puedo dejar de acompañar la canción con mi voz y el coro que grabó Fattoruso Hugo me llena de alegría. La canción es “Adiós a la rama”.
Termina diciendo: -me despido de las flores, me despido de su olor…-y así me alejo pensando en volver y en ocultarle a mi amiga lo que pasó.
Ella está en Kyoto ahora, visitando a sus padres. Seguramente nunca vendrá a esta feria y yo tampoco.
miércoles, 17 de agosto de 2011
Parte
Enfermedad para mi es sinónimo de soledad. O lo que personalmente necesito.
Seguramente tiene que ver con la infancia o con los modos heredados de nuestras familias.
En mi familia no se celebraba nada y tampoco se sufría. No había lugar para los débiles.
Hoy, recostada en mi cama, me siento mal. El cuerpo está totalmente caído y no hay postura que calme estas sensaciones. Por otro lado, el buen ánimo me guía y acompaña. Es pura ilusión.
Después de leer un rato decidí escribir. En unos minutos debo salir para un programa de radio que me gusta mucho llamado Patologías Culturales y del cual soy oyente. De no ser “la invitada” seguramente lo escucharía acostada y con guitarra en mano.
Es sábado. Hermoso día soleado. Gato acompaña y recibe con alegría que mi cuerpo este quieto. Mi mente, como siempre, corre al pulso maratónico de mis locuras.
Siempre regreso a la misma pregunta ¿como modificar eso que tenemos pegado? Quizá, hacer social mi sentir es imposible pero debe ser más saludable dejar entrar a alguien. ¿No?
Dejarse ayudar o dejarse mimar es el punto. Por ahora no puedo y forma parte de una gran limitación que tengo, una mas entre tantas otras. Escribir sobre esto me ayuda y me expone también pero me juego porque necesito cambiar.
Por la noche vendrán amigos muy queridos a cenar así que debo rebuscármelas para pasar inadvertida aunque su visita seguramente me sane.
Desde aquí puedo ver el cielo. Las nubes pasan, se unen con el viento y me inyectan energía para salir. Quizá afuera mi cuerpo se acomoda. Quizá.
Seguramente tiene que ver con la infancia o con los modos heredados de nuestras familias.
En mi familia no se celebraba nada y tampoco se sufría. No había lugar para los débiles.
Hoy, recostada en mi cama, me siento mal. El cuerpo está totalmente caído y no hay postura que calme estas sensaciones. Por otro lado, el buen ánimo me guía y acompaña. Es pura ilusión.
Después de leer un rato decidí escribir. En unos minutos debo salir para un programa de radio que me gusta mucho llamado Patologías Culturales y del cual soy oyente. De no ser “la invitada” seguramente lo escucharía acostada y con guitarra en mano.
Es sábado. Hermoso día soleado. Gato acompaña y recibe con alegría que mi cuerpo este quieto. Mi mente, como siempre, corre al pulso maratónico de mis locuras.
Siempre regreso a la misma pregunta ¿como modificar eso que tenemos pegado? Quizá, hacer social mi sentir es imposible pero debe ser más saludable dejar entrar a alguien. ¿No?
Dejarse ayudar o dejarse mimar es el punto. Por ahora no puedo y forma parte de una gran limitación que tengo, una mas entre tantas otras. Escribir sobre esto me ayuda y me expone también pero me juego porque necesito cambiar.
Por la noche vendrán amigos muy queridos a cenar así que debo rebuscármelas para pasar inadvertida aunque su visita seguramente me sane.
Desde aquí puedo ver el cielo. Las nubes pasan, se unen con el viento y me inyectan energía para salir. Quizá afuera mi cuerpo se acomoda. Quizá.
jueves, 4 de agosto de 2011
Foto
Tuve que formatear una compu y borrarlo todo. Me dieron los archivos en un disco rígido y chequeando su contenido encontré un video del concierto que di en Tokio junto a la banda que Tomohiro Yahiro armó para presentar Luz de la noche en Japón.
¡Que alegría revivir ese momento! Colgué una canción en youtube y ahora el que quiera puede transportarse hasta ese instante.
De mi infancia solo conservo 3 hermosas fotos que rescaté de la casa familiar hace tiempo:
Una sola, sentada en un sillón en la terraza y mirando una muñeca (la usé para la tapa de Centro, mi primer disco) y ahora cuelga de una pared de mi casa junto a otras fotos actuales.
Otra con mi hermano mayor a la edad de 2 ó 3 años donde él me apretuja sobre su cuerpo y sonríe mientras que yo pongo cara de mmm, (un gesto inexplicable). Esas sensaciones de placer y displacer simultáneo.
Y la última con mis dos hermanos. Los mayores, vistiendo guardapolvo de jardín y el menor en su cochecito tapado por una mantita blanca.
Yo le doy la mano a mi hermano bebé y estoy parada súper canchera con las piernas cruzadas. Mi hermano mayor, a la izquierda del bebé, parece un modelo de gomina o gel especial para tangueros. Era la época de Guillermito Fernández en grandes valores del tango, un ídolo que hasta hoy permanece en mi consideración y corazón.
Estamos en la puerta de la casa de nuestros abuelos maternos. Un ratito antes de ir al jardín.
La casa, sobre la calle Entre ríos, bella y cálida con flores y árboles. Un gran ciruelo en el fondo que alimentó nuestras tardes de verano. Siempre nos pedían que subiéramos a buscar las mejores ciruelas, que por supuesto estaban en lo alto. ¡Que trabajo riesgoso!
Cuando murió mi abuelo fuimos a la casa con mi hermano mayor y nos quedamos un rato mirando desde el auto.
De niña me sentaba a chusmear desde la ventana del cuarto de mis abuelos. A veces de día y muchas veces de noche. Justo enfrente había un garaje y era lindo observar quien iba y venía (a altas horas más que nada). En este barrio no había mucho movimiento que digamos.
Y esa monotonía era quebrada de vez en cuando por el desfile de los coches fúnebres y su caravana. Así se despedía a los muertos o quizá de ese modo el lugar se desprendía de ellos. Un adiós.
Hubo varios casos tremendos en el barrio y para que no sufriera me mintieron. Siempre he sufrido mucho por todo, desde mi tierna infancia, y no hubiera podido comprender que un vecino murió en manos de la policía cuando intentaba asaltar una joyería. Un vecino muy buena onda.
Esa familia si que era complicada y cargaba con varios muertos, todos hijos de la señora y el señor que era no vidente y gran lector.
No tengo idea si viven o no pero voy a preguntarle a mi tío que si bien reside en otro barrio, siempre está al tanto de las cosas que suceden en la Villa, como él la llama.
Villa Luzuriaga es donde me crié. Un barrio que queda a unas pocas cuadras de Haedo pero que pertenece al partido de La Matanza, con todo lo que eso significa.
Nosotros llevamos a mi abuelo allí, no estaba su cuerpo pero si su alma en la nuestra. Fuimos llamados por la tradición y también por las enseñanzas que recibimos.
Esa ya no era su casa desde hace mucho tiempo pero para nosotros siempre lo seguirá siendo y creo que para él también era así.
Ese silencio que hicimos clavando la mirada y sosteniendo los recuerdos, es inolvidable por su fuerza y tristeza.
Las casas cambian por fuera, se venden, se compran, se reforman pero siempre permanecen iguales en nuestro corazón o en nuestra mente.
Recordamos todo de una manera personal y algo que en verdad era chico lo vemos grande o viceversa. Quizá para eso están las fotos.
Miro otra vez la imagen y creo recordar el aroma del momento.
Mi abuelo tenía otra de este mismo rollo donde yo corría despatarrada con mi guardapolvo-ese mismo que a veces me recuerda quien soy-que me acerca a los niños y me abre el corazón.
El mismo que motivó la canción “El futuro, flOr”. Una mañana me puse el delantal y lloré -yo no puedo ver tanta soledad, tanta indiferencia y vuelvo a empezar. Ese volver a empezar es esperanzador y eso son los niños, la esperanza. Mi esperanza.
¡Que alegría revivir ese momento! Colgué una canción en youtube y ahora el que quiera puede transportarse hasta ese instante.
De mi infancia solo conservo 3 hermosas fotos que rescaté de la casa familiar hace tiempo:
Una sola, sentada en un sillón en la terraza y mirando una muñeca (la usé para la tapa de Centro, mi primer disco) y ahora cuelga de una pared de mi casa junto a otras fotos actuales.
Otra con mi hermano mayor a la edad de 2 ó 3 años donde él me apretuja sobre su cuerpo y sonríe mientras que yo pongo cara de mmm, (un gesto inexplicable). Esas sensaciones de placer y displacer simultáneo.
Y la última con mis dos hermanos. Los mayores, vistiendo guardapolvo de jardín y el menor en su cochecito tapado por una mantita blanca.
Yo le doy la mano a mi hermano bebé y estoy parada súper canchera con las piernas cruzadas. Mi hermano mayor, a la izquierda del bebé, parece un modelo de gomina o gel especial para tangueros. Era la época de Guillermito Fernández en grandes valores del tango, un ídolo que hasta hoy permanece en mi consideración y corazón.
Estamos en la puerta de la casa de nuestros abuelos maternos. Un ratito antes de ir al jardín.
La casa, sobre la calle Entre ríos, bella y cálida con flores y árboles. Un gran ciruelo en el fondo que alimentó nuestras tardes de verano. Siempre nos pedían que subiéramos a buscar las mejores ciruelas, que por supuesto estaban en lo alto. ¡Que trabajo riesgoso!
Cuando murió mi abuelo fuimos a la casa con mi hermano mayor y nos quedamos un rato mirando desde el auto.
De niña me sentaba a chusmear desde la ventana del cuarto de mis abuelos. A veces de día y muchas veces de noche. Justo enfrente había un garaje y era lindo observar quien iba y venía (a altas horas más que nada). En este barrio no había mucho movimiento que digamos.
Y esa monotonía era quebrada de vez en cuando por el desfile de los coches fúnebres y su caravana. Así se despedía a los muertos o quizá de ese modo el lugar se desprendía de ellos. Un adiós.
Hubo varios casos tremendos en el barrio y para que no sufriera me mintieron. Siempre he sufrido mucho por todo, desde mi tierna infancia, y no hubiera podido comprender que un vecino murió en manos de la policía cuando intentaba asaltar una joyería. Un vecino muy buena onda.
Esa familia si que era complicada y cargaba con varios muertos, todos hijos de la señora y el señor que era no vidente y gran lector.
No tengo idea si viven o no pero voy a preguntarle a mi tío que si bien reside en otro barrio, siempre está al tanto de las cosas que suceden en la Villa, como él la llama.
Villa Luzuriaga es donde me crié. Un barrio que queda a unas pocas cuadras de Haedo pero que pertenece al partido de La Matanza, con todo lo que eso significa.
Nosotros llevamos a mi abuelo allí, no estaba su cuerpo pero si su alma en la nuestra. Fuimos llamados por la tradición y también por las enseñanzas que recibimos.
Esa ya no era su casa desde hace mucho tiempo pero para nosotros siempre lo seguirá siendo y creo que para él también era así.
Ese silencio que hicimos clavando la mirada y sosteniendo los recuerdos, es inolvidable por su fuerza y tristeza.
Las casas cambian por fuera, se venden, se compran, se reforman pero siempre permanecen iguales en nuestro corazón o en nuestra mente.
Recordamos todo de una manera personal y algo que en verdad era chico lo vemos grande o viceversa. Quizá para eso están las fotos.
Miro otra vez la imagen y creo recordar el aroma del momento.
Mi abuelo tenía otra de este mismo rollo donde yo corría despatarrada con mi guardapolvo-ese mismo que a veces me recuerda quien soy-que me acerca a los niños y me abre el corazón.
El mismo que motivó la canción “El futuro, flOr”. Una mañana me puse el delantal y lloré -yo no puedo ver tanta soledad, tanta indiferencia y vuelvo a empezar. Ese volver a empezar es esperanzador y eso son los niños, la esperanza. Mi esperanza.
sábado, 23 de julio de 2011
Casa
Prendí la tv. Es tarde, madrugada. Un cantante repite la frase “volveré a casa para quedarme”
Es un documental de la música de los setenta que proyecta canal Encuentro. Mientras escribo escucho y entiendo algunas frases y palabras: ilumina el día, sigue por su camino, este y oeste…
Mi amiga Mio llegó el lunes, la trajo la lluvia o mejor dicho el agua. Vino desde Montevideo después de unos días en Rio de Janeiro. Hermoso viaje, gran itinerario.
Ahora duerme en mi estudio. Se enfermó y necesita descansar.
Terminó el documental y cambié a discovery h&h. Una pareja discute. Pelean porque él quiere construir un castillo y a ella le parece ridículo. Ya tienen una casa y no hace falta otra.
Mi gato hace horas que mira un bichito en la pared pero no lo toca ni quiere hacerle daño, solo espera que algo pase. A veces me siento así, como Otto, esperando que algo pase.
Lo opuesto a los viajeros que son los que buscan, los que van tras la aventura, los que desean que algo importante suceda y no esperan, salen a su encuentro.
Admiro a los viajeros como Mio, va cantando por todo lugar y ha recorrido el mundo. Siempre tiene una historia para cantar y contar, una bella historia y a mí me encanta escucharla.
Siempre he vivido en total libertad pero necesito mi hogar y a los que en el viven: marido y gato por ahora.
Llegar a esta casa fue una experiencia muy fuerte y la ayuda que nos brindaron es algo que no se borra de mi mente. Aquí estamos construyendo, esa es la idea y la alegría y el amor nos acompañan.
Mio se enfermó, está en un estado de off total. Me alegra que tenga la confianza de poder entrar en ese trance. Cuando viajo siempre me siento con la obligación de participar, de hablar, de generar. Se siente como en casa y yo, felíz.
Por la tarde visitamos la mutual japonesa y hace un rato llamó a un doctor japonés que la visitó casi rozando la medianoche. Me enterneció la escena. El señor/doctor la trató de maravilla, la consoló y la abrigó en esta noche fría, en este viernes donde mi querida amiga necesitó algo de su hogar y la palabra en su idioma la hizo sentir mejor. Se durmió profundamente y yo me quedé en silencio, respirando la caricia que quedó en el aire. Luego subí y prendí la tele y escuché “volveré a casa para quedarme”
Ella, con unas pocas palabras regresó a su casa y despertó en la mía, nos dimos un fuerte abrazo y sonreímos al unísono, como siempre.
Es un documental de la música de los setenta que proyecta canal Encuentro. Mientras escribo escucho y entiendo algunas frases y palabras: ilumina el día, sigue por su camino, este y oeste…
Mi amiga Mio llegó el lunes, la trajo la lluvia o mejor dicho el agua. Vino desde Montevideo después de unos días en Rio de Janeiro. Hermoso viaje, gran itinerario.
Ahora duerme en mi estudio. Se enfermó y necesita descansar.
Terminó el documental y cambié a discovery h&h. Una pareja discute. Pelean porque él quiere construir un castillo y a ella le parece ridículo. Ya tienen una casa y no hace falta otra.
Mi gato hace horas que mira un bichito en la pared pero no lo toca ni quiere hacerle daño, solo espera que algo pase. A veces me siento así, como Otto, esperando que algo pase.
Lo opuesto a los viajeros que son los que buscan, los que van tras la aventura, los que desean que algo importante suceda y no esperan, salen a su encuentro.
Admiro a los viajeros como Mio, va cantando por todo lugar y ha recorrido el mundo. Siempre tiene una historia para cantar y contar, una bella historia y a mí me encanta escucharla.
Siempre he vivido en total libertad pero necesito mi hogar y a los que en el viven: marido y gato por ahora.
Llegar a esta casa fue una experiencia muy fuerte y la ayuda que nos brindaron es algo que no se borra de mi mente. Aquí estamos construyendo, esa es la idea y la alegría y el amor nos acompañan.
Mio se enfermó, está en un estado de off total. Me alegra que tenga la confianza de poder entrar en ese trance. Cuando viajo siempre me siento con la obligación de participar, de hablar, de generar. Se siente como en casa y yo, felíz.
Por la tarde visitamos la mutual japonesa y hace un rato llamó a un doctor japonés que la visitó casi rozando la medianoche. Me enterneció la escena. El señor/doctor la trató de maravilla, la consoló y la abrigó en esta noche fría, en este viernes donde mi querida amiga necesitó algo de su hogar y la palabra en su idioma la hizo sentir mejor. Se durmió profundamente y yo me quedé en silencio, respirando la caricia que quedó en el aire. Luego subí y prendí la tele y escuché “volveré a casa para quedarme”
Ella, con unas pocas palabras regresó a su casa y despertó en la mía, nos dimos un fuerte abrazo y sonreímos al unísono, como siempre.
domingo, 17 de julio de 2011
Signos de pregunta
Una semana en estado de shock. Una semana después de la votación a jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires.
Acepto la elección de los vecinos pero no la comparto y tampoco la entiendo.
Estuve casi 7 días penando y pensando e intentando saber que pasó.
La política es fundamental, condiciona nuestra vida diaria y el futuro también. Y eso es lo que me preocupa, el futuro.
Siento que detrás de todo esto hay mucha indiferencia y castigo y así creo no se puede construir nada.
Esta es una hermosa mañana de julio y me propuse pensar en positivo. ¿Será posible?
Mañana llega mi amiga Mio Matsuda a Bs. as y eso es un motivo de alegría. Mio ocupa un lugar muy lindo en mi vida y es el de amiga-colega-compañera- algo no tan simple de encontrar.
Será una semana intensa que culminará con un concierto casero y acústico en una.casa, un bello lugar en San Telmo que nos brinda el espacio para tocar y cantar. Es un espacio de resistencia. Para quien lea esto y no sea de
Bs. as le cuento que de algún modo esta es una ciudad clausurada. Clausurada por el miedo.
Tengo muchas preguntas y pocas respuestas. Y esto nos incluye a todos, a todos los ciudadanos de este mundo.
Sería hermoso poder salir de la presión de la desconfianza. Que la honestidad sea moneda corriente y que podamos ir tras nuestros ideales. ¿Será mucho pedir? ¿Es mi inocencia siempre presente la que me lleva a vivir así? ¿Seré una soñadora? ¿Será una ciudad de derecha, de castigos, de indiferencia?
Acepto la elección de los vecinos pero no la comparto y tampoco la entiendo.
Estuve casi 7 días penando y pensando e intentando saber que pasó.
La política es fundamental, condiciona nuestra vida diaria y el futuro también. Y eso es lo que me preocupa, el futuro.
Siento que detrás de todo esto hay mucha indiferencia y castigo y así creo no se puede construir nada.
Esta es una hermosa mañana de julio y me propuse pensar en positivo. ¿Será posible?
Mañana llega mi amiga Mio Matsuda a Bs. as y eso es un motivo de alegría. Mio ocupa un lugar muy lindo en mi vida y es el de amiga-colega-compañera- algo no tan simple de encontrar.
Será una semana intensa que culminará con un concierto casero y acústico en una.casa, un bello lugar en San Telmo que nos brinda el espacio para tocar y cantar. Es un espacio de resistencia. Para quien lea esto y no sea de
Bs. as le cuento que de algún modo esta es una ciudad clausurada. Clausurada por el miedo.
Tengo muchas preguntas y pocas respuestas. Y esto nos incluye a todos, a todos los ciudadanos de este mundo.
Sería hermoso poder salir de la presión de la desconfianza. Que la honestidad sea moneda corriente y que podamos ir tras nuestros ideales. ¿Será mucho pedir? ¿Es mi inocencia siempre presente la que me lleva a vivir así? ¿Seré una soñadora? ¿Será una ciudad de derecha, de castigos, de indiferencia?
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