De repente el silencio se apoderó de mí. Estuve sin música y sin tocar, solo leyendo y pensando. Desconectada del mundo cibernético e intentando comprender el peso de la pérdida.
Sueño sueños, sueño pesadillas pero todas con la música de LAS. Armo loops que recorren las imágenes y me dejan en silencio también durmiendo.
Me quedan muchos discos por escuchar aún y mucho por comprender también. Y el agradecimiento infinito por iluminar mi camino.
Suena el teléfono, una amiga me cuenta la tragedia de Once. Me invade una profunda tristeza.
No quiero mirar ni saber pero igual estoy en el tren, soy del tren y soy de Haedo.
Salgo a comprar las cosas para armar el bolso, me aconsejaron tenerlo porque quizá a mi bebé se le ocurre aparecerse en este mundo un mes antes de lo previsto. Suena el celular de mi compañero y marido; Vicente Luy se suicidó en Salta. Sigo caminando en estado de shock y descanso en la compra de pañal para recién nacido y chupete.
Vuelvo a pensar en el tiempo, en las obras y en la muerte. La noche llega y yo sigo en shock.
Mi amigo Ariel me dice que nadie quería llamarme pero que se animó a hacerlo porque como sea las malas noticias vuelan.
La muerte de las palabras de Vicente, un escritor original y bueno de verdad. Siempre obligándote a pensar y abriendo un signo de interrogación en tu mente o alma.
Dejó mucho, dejó poco… Ahora ya es cenizas que no tienen dueño.
Se animó y lo logró. Juntó fuerzas. Se fue.
Nosotros (los amigos) nos reunimos sin querer queriendo y casi sin nombrarlo nos hicimos compañía y quizá lo llamamos a nuestro lado. Tiempo atrás fuimos parte de su torbellino mental.
Hoy me siento más triste que ayer. El paso por este mundo debiera ser con cierta paz, no importa el tiempo que estés aquí pero pasarla bien.
La mente es algo tan poderoso que da miedo y como sea siempre vuelvo al comienzo y sin soltar palabra o melodía canto para mí: cuida bien al niño, cuida bien su mente, dale tibia leche de tu cuerpo.
sábado, 25 de febrero de 2012
domingo, 18 de diciembre de 2011
Oídos
Los 4 oídos que tengo en el cuerpo muestran a mi mente y alma sonidos y sensaciones totalmente nuevas. No importa que sea una música conocida, la sorpresa aparece.
Posiblemente sea la apertura de y a las sensaciones que experimentan todas las mujeres que están generando vida. Y yo, así estoy, con niño que crece dentro de mí.
Mi vida será otra a partir de esto: atravesé un embarazo y esa ruta es un abismo increíble de amor y luz.
Me levanté pensando en las canciones. A veces no nos damos cuenta cuanto amamos una melodía, una letra, un acorde.
Hoy domingo estoy en casa, miro el cielo por la ventana y escucho “Umbral” de L.A.Spinetta. Me permito llorar. Esta obra ha sido una gran compañía casi toda mi vida. Me lleva al mas allá esta canción.
Spinetta ha marcado el camino y está presente en cada uno, en cada sonido. Es una luz que ingresa en nuestros cuerpos y se detiene allí dentro para construir un mundo nuevo, un lugar dentro del corazón.
Llevé a mi bebé a escuchar la más variada música en estos casi 6 meses juntos. Quiero para él una vida cercana a la sensibilidad.
Pasamos por todos los géneros: La gran Nelly Omar y sus 100 años, la presentación del nuevo disco de Pez. Un concierto de Silvia Iriondo con Quique Sinesi, Carmina Burana en el Colón, Peter Gabriel y una entrada que llegó desde el sur y que fue un presente increíble… También escuchamos a Tata Cedrón por primera vez y un gran concierto de Hugo Fattoruso y Hernán Jacinto a dos pianos.
Por otro lado hicimos varios conciertos. Compartir con Mono Fontana es un regalo de la vida y en este momento me pega mas, me llega con total alegría.
El Mono es único, no hay nadie en este mundo que componga así, que tenga esa mirada, originalidad y corazón musical. Derriba todas las amenazas que suelen aparecerse durante el embarazo. Cierra el círculo de la compañía.
En un rato seguiré escribiendo y cantando nuevas canciones en las que trabajo. Son canciones que escribo para el bebé. Salieron así, solas y quiero registrarlas para recordar cómo era…también me gustaría fotografiarme pero pasan los días y no lo hago. El sonido se lleva todo.
Pienso en canciones para niños. Pienso en niños y niñas que conozco y forman parte de mi alma. Vuelvo a Spinetta. Vuelvo a su Plegaria para un niño dormido. Vuelvo a mí.
Las escaleras me separan de la guitarra y el cuaderno pentagramado. Quizá llegué a la guitarra por Spinetta…nunca lo pensé pero es posible, su imagen sentado solo cantando Umbral es inolvidable.
Hoy, un domingo más transcurrirá y yo, desde aquí mirando el cielo y escuchando “Umbral “y “Ella también”. Eternamente agradecida.
Posiblemente sea la apertura de y a las sensaciones que experimentan todas las mujeres que están generando vida. Y yo, así estoy, con niño que crece dentro de mí.
Mi vida será otra a partir de esto: atravesé un embarazo y esa ruta es un abismo increíble de amor y luz.
Me levanté pensando en las canciones. A veces no nos damos cuenta cuanto amamos una melodía, una letra, un acorde.
Hoy domingo estoy en casa, miro el cielo por la ventana y escucho “Umbral” de L.A.Spinetta. Me permito llorar. Esta obra ha sido una gran compañía casi toda mi vida. Me lleva al mas allá esta canción.
Spinetta ha marcado el camino y está presente en cada uno, en cada sonido. Es una luz que ingresa en nuestros cuerpos y se detiene allí dentro para construir un mundo nuevo, un lugar dentro del corazón.
Llevé a mi bebé a escuchar la más variada música en estos casi 6 meses juntos. Quiero para él una vida cercana a la sensibilidad.
Pasamos por todos los géneros: La gran Nelly Omar y sus 100 años, la presentación del nuevo disco de Pez. Un concierto de Silvia Iriondo con Quique Sinesi, Carmina Burana en el Colón, Peter Gabriel y una entrada que llegó desde el sur y que fue un presente increíble… También escuchamos a Tata Cedrón por primera vez y un gran concierto de Hugo Fattoruso y Hernán Jacinto a dos pianos.
Por otro lado hicimos varios conciertos. Compartir con Mono Fontana es un regalo de la vida y en este momento me pega mas, me llega con total alegría.
El Mono es único, no hay nadie en este mundo que componga así, que tenga esa mirada, originalidad y corazón musical. Derriba todas las amenazas que suelen aparecerse durante el embarazo. Cierra el círculo de la compañía.
En un rato seguiré escribiendo y cantando nuevas canciones en las que trabajo. Son canciones que escribo para el bebé. Salieron así, solas y quiero registrarlas para recordar cómo era…también me gustaría fotografiarme pero pasan los días y no lo hago. El sonido se lleva todo.
Pienso en canciones para niños. Pienso en niños y niñas que conozco y forman parte de mi alma. Vuelvo a Spinetta. Vuelvo a su Plegaria para un niño dormido. Vuelvo a mí.
Las escaleras me separan de la guitarra y el cuaderno pentagramado. Quizá llegué a la guitarra por Spinetta…nunca lo pensé pero es posible, su imagen sentado solo cantando Umbral es inolvidable.
Hoy, un domingo más transcurrirá y yo, desde aquí mirando el cielo y escuchando “Umbral “y “Ella también”. Eternamente agradecida.
martes, 8 de noviembre de 2011
El día
Finalmente llegó el día. La invitación me la hicieron hace un par de meses pero como suele pasar no la tuve presente hasta esta mañana.
Si bien conozco el “Borda” y estuve ahí muchas veces jamás había pisado el “Moyano”.
La excusa: un programa de radio.
Asistí con cierto temor. Temor de estar en contacto con la infinita tristeza, con la más profunda soledad.
Me esperaron en la puerta, yo les pedí. Intento trabajar sobre mis esquemas y pedir es algo desconocido para mí. Me cuesta y me duele pero necesito entender lo que hay detrás del pedido.
El día, soleado y fresquito acompañó la visita. Hizo que todo fuera más fácil, más simple y cálido o todo junto.
Al llegar estaba todo dispuesto. Una mesa con internas que harían la locución, dos coordinadoras y un operador.
Una chica me preguntó si yo cantaba con el corazón, si podía sentir mi canto. Me aclaró que no le importaba el género, que solo interesaba el corazón. Su nombre es Luz.
El comienzo del programa giró alrededor del año de mi nacimiento y hubo aplauso cuando se recordó que ahora vivimos en democracia y que, cuando yo nací, gobernaba la junta militar.
Me hicieron preguntas muy lindas y profundas que quebraron la distancia.
También leyeron sus haikus y varias de ellas cantaron canciones. Cantaron con emoción.
Luz, la interna más joven, cantó 2 piezas de su autoría y quedé impactada por la profundidad de sus letras. La primera hablaba sobre las estrellas y la segunda contaba los momentos de la luna. Me llegó su canto, me tocó su luz.
El sábado pasado presentamos el disco en el Club Atlético Fernández Fierro.
Fue una noche muy especial para mí. La banda, genial. En un momento de silencio y antes de presentar a los músicos dije a modo de confesión: si pienso que estoy tocando con Mono Fontana me pongo a llorar y era de verdad. También recordé lo que mis amigos de adolescencia decían sobre Facundo Guevara-toca mirando el cielo- y esa frase me transportó a mí misma, chica y con ganas de componer y de aprender. Mintcho, el bajista, me sorprendió y generó ese juego fundamental para llevar adelante un concierto, eso inexplicable.
La música fue la protagonista y eso es la alegría para mí.
Los días llegan, se acercan y se van.
Llegó el día del CAFF. Llegó el día de tocar con Mono Fontana, Facu Guevara y Mintcho.
Llegó el día de ir al hospital Moyano y vivir una experiencia de lo más amorosa en años. Recibir tanta luz dentro de una idea de oscuridad fue increíble.
Alguien lleva la luz, deja luz y enciende el día o la noche. Intentamos armar la vida, -construir el progreso -como me dijo una señora del Moyano y aquí estoy, en casa, otra vez leyendo el mismo libro que leí ayer pero con la batería recargada y el corazón inflado. Dejando que entre el sol por la ventana.
Si bien conozco el “Borda” y estuve ahí muchas veces jamás había pisado el “Moyano”.
La excusa: un programa de radio.
Asistí con cierto temor. Temor de estar en contacto con la infinita tristeza, con la más profunda soledad.
Me esperaron en la puerta, yo les pedí. Intento trabajar sobre mis esquemas y pedir es algo desconocido para mí. Me cuesta y me duele pero necesito entender lo que hay detrás del pedido.
El día, soleado y fresquito acompañó la visita. Hizo que todo fuera más fácil, más simple y cálido o todo junto.
Al llegar estaba todo dispuesto. Una mesa con internas que harían la locución, dos coordinadoras y un operador.
Una chica me preguntó si yo cantaba con el corazón, si podía sentir mi canto. Me aclaró que no le importaba el género, que solo interesaba el corazón. Su nombre es Luz.
El comienzo del programa giró alrededor del año de mi nacimiento y hubo aplauso cuando se recordó que ahora vivimos en democracia y que, cuando yo nací, gobernaba la junta militar.
Me hicieron preguntas muy lindas y profundas que quebraron la distancia.
También leyeron sus haikus y varias de ellas cantaron canciones. Cantaron con emoción.
Luz, la interna más joven, cantó 2 piezas de su autoría y quedé impactada por la profundidad de sus letras. La primera hablaba sobre las estrellas y la segunda contaba los momentos de la luna. Me llegó su canto, me tocó su luz.
El sábado pasado presentamos el disco en el Club Atlético Fernández Fierro.
Fue una noche muy especial para mí. La banda, genial. En un momento de silencio y antes de presentar a los músicos dije a modo de confesión: si pienso que estoy tocando con Mono Fontana me pongo a llorar y era de verdad. También recordé lo que mis amigos de adolescencia decían sobre Facundo Guevara-toca mirando el cielo- y esa frase me transportó a mí misma, chica y con ganas de componer y de aprender. Mintcho, el bajista, me sorprendió y generó ese juego fundamental para llevar adelante un concierto, eso inexplicable.
La música fue la protagonista y eso es la alegría para mí.
Los días llegan, se acercan y se van.
Llegó el día del CAFF. Llegó el día de tocar con Mono Fontana, Facu Guevara y Mintcho.
Llegó el día de ir al hospital Moyano y vivir una experiencia de lo más amorosa en años. Recibir tanta luz dentro de una idea de oscuridad fue increíble.
Alguien lleva la luz, deja luz y enciende el día o la noche. Intentamos armar la vida, -construir el progreso -como me dijo una señora del Moyano y aquí estoy, en casa, otra vez leyendo el mismo libro que leí ayer pero con la batería recargada y el corazón inflado. Dejando que entre el sol por la ventana.
sábado, 22 de octubre de 2011
Montevideo
Viajé a Montevideo a tocar, ahí parte la historia. Esta hermosa ciudad, detenida en el tiempo y llena de sonidos increíbles me brindó un lugar para hacer sonar mis canciones.
El concierto fue lindo, emotivo y solitario.
El avión hacia el destino salió tarde pero apuró el paso y en vez de tardar una hora demoró solo 25 minutos. Eso fue algo que no entendí, mi entendimiento sobre aviones es cero, solo se volar con la mente.
Tomé un colectivo que me acercaba a la ciudad y me bajé donde me dijo el chofer. Quizá bien, quizá mal…
Preguntando quise llegar al hotel y nadie supo indicarme con seguridad para donde quedaba la calle “Bartolomé Mitre” y cansada ya de caminar bajo el sol, con guitarra y mochila al hombro recordé que Fernando Cabrera compuso una gran canción a este hotel y la tituló “Palacio”.
La música, como siempre, te salva. Y seguí el camino que marcò la poesía. Calle Mitre, la emboscada de Rincón, la batalla Sarandí, policía vieja. Las indicaciones eran exactas.
Así llegué, enamorada del método y agradecida una vez más con este genial compositor que me guió al destino, mi cuerpo ya no podía continuar esforzándose.
La letra presenta imágenes que te desarman “una reunión de roncadores, un congreso soñador. Hotel de camas con gemidos y un amor en ascensor”.
Me encantó tocar en Somos sonido y regresar a este hotel. Me sentí abrazada por la canción y por este país tan musical e incierto para mí.
Este ha sido un viaje a la soledad. Lejanía e indiferencia, personas que no saben amar, que cargan con esa “Cruz” y yo, abriéndome paso con guitarra y bebé dentro de mí que crece día a día. Viviendo feliz el comienzo de la vida y el final de las cosas que ya no quiero más.
El concierto fue lindo, emotivo y solitario.
El avión hacia el destino salió tarde pero apuró el paso y en vez de tardar una hora demoró solo 25 minutos. Eso fue algo que no entendí, mi entendimiento sobre aviones es cero, solo se volar con la mente.
Tomé un colectivo que me acercaba a la ciudad y me bajé donde me dijo el chofer. Quizá bien, quizá mal…
Preguntando quise llegar al hotel y nadie supo indicarme con seguridad para donde quedaba la calle “Bartolomé Mitre” y cansada ya de caminar bajo el sol, con guitarra y mochila al hombro recordé que Fernando Cabrera compuso una gran canción a este hotel y la tituló “Palacio”.
La música, como siempre, te salva. Y seguí el camino que marcò la poesía. Calle Mitre, la emboscada de Rincón, la batalla Sarandí, policía vieja. Las indicaciones eran exactas.
Así llegué, enamorada del método y agradecida una vez más con este genial compositor que me guió al destino, mi cuerpo ya no podía continuar esforzándose.
La letra presenta imágenes que te desarman “una reunión de roncadores, un congreso soñador. Hotel de camas con gemidos y un amor en ascensor”.
Me encantó tocar en Somos sonido y regresar a este hotel. Me sentí abrazada por la canción y por este país tan musical e incierto para mí.
Este ha sido un viaje a la soledad. Lejanía e indiferencia, personas que no saben amar, que cargan con esa “Cruz” y yo, abriéndome paso con guitarra y bebé dentro de mí que crece día a día. Viviendo feliz el comienzo de la vida y el final de las cosas que ya no quiero más.
domingo, 2 de octubre de 2011
Hielo
Regresando de Ushuaia me encontré con la mujer de hielo.
Hacía años que no la veía y su voz me llegó a lo más profundo.
Tenía ganas de bañarme en vinagre al regresar a casa pero no lo hice. Me atacó la superstición que desde hace un tiempo camina a mi lado.
Antes, para mí, superstición era solo una canción de Pescado Rabioso. Una gran pieza de rock. ¡Esos acordes de guitarra! y la banda, poderosa. Todo el disco es infernal.
Ahora superstición es algo presente y a tener en cuenta permanentemente. Luz y sombra.
Una persona me dijo ayer que ser supersticioso es “un comienzo” ¿un comienzo de qué?
Los encuentros inesperados movilizan, contentan o molestan.
El año pasado caminando por una callecita de Montevideo, pensativa y triste me asaltó el sonido de unas ruedas girando la esquina. Un auto viejo y exótico llamó mi atención y desde la ventana gritaron mi nombre. Detuve el paso y salieron de ese carro un par de amigos con una energía arrolladora. Fue linda sorpresa.
Pero cuando estás en un avión de vuelo doméstico y dos asientos mas allá está sentado el bloque de hielo más grande jamás visto todo cambia.
Estoy hablando de una mujer extraña, indescifrable.
La Patagonia no la asusta, pensé, el frío que tiene ya es inquebrantable y no existe uno mayor. El frío del corazón.
Conocí a esta persona en mi infancia y siempre me llamaron la atención sus comentarios y actitudes.
Ayer no me quedó otra que saludar y conversar. Ella, por supuesto, quería incomodar con el silencio y con sus frases poco inspiradas llenas de psicología barata.
¿Qué le pasará dentro? ¿Nació sin corazón y nadie lo notó?
Me imagino su partida de nacimiento que dice en letra borroneada-persona sin rastros de corazón o alma- origen desconocido-
Es verdad que no hay que darle lugar a estos seres pero para mí es imposible, estoy presa de la superstición.
Me ataca la pregunta… ¿Por qué la encontré aquí en el fin del mundo?
Cuando me di vuelta para atravesar la puerta y correr hacia un taxi sentí en la espalda su mirada letal. Como en la mancha venenosa, ella me manchó con la mirada, la violencia y la indiferencia. Ahora tengo que olvidarme y dormir.
Mañana será otro día y no more hielo.
Hacía años que no la veía y su voz me llegó a lo más profundo.
Tenía ganas de bañarme en vinagre al regresar a casa pero no lo hice. Me atacó la superstición que desde hace un tiempo camina a mi lado.
Antes, para mí, superstición era solo una canción de Pescado Rabioso. Una gran pieza de rock. ¡Esos acordes de guitarra! y la banda, poderosa. Todo el disco es infernal.
Ahora superstición es algo presente y a tener en cuenta permanentemente. Luz y sombra.
Una persona me dijo ayer que ser supersticioso es “un comienzo” ¿un comienzo de qué?
Los encuentros inesperados movilizan, contentan o molestan.
El año pasado caminando por una callecita de Montevideo, pensativa y triste me asaltó el sonido de unas ruedas girando la esquina. Un auto viejo y exótico llamó mi atención y desde la ventana gritaron mi nombre. Detuve el paso y salieron de ese carro un par de amigos con una energía arrolladora. Fue linda sorpresa.
Pero cuando estás en un avión de vuelo doméstico y dos asientos mas allá está sentado el bloque de hielo más grande jamás visto todo cambia.
Estoy hablando de una mujer extraña, indescifrable.
La Patagonia no la asusta, pensé, el frío que tiene ya es inquebrantable y no existe uno mayor. El frío del corazón.
Conocí a esta persona en mi infancia y siempre me llamaron la atención sus comentarios y actitudes.
Ayer no me quedó otra que saludar y conversar. Ella, por supuesto, quería incomodar con el silencio y con sus frases poco inspiradas llenas de psicología barata.
¿Qué le pasará dentro? ¿Nació sin corazón y nadie lo notó?
Me imagino su partida de nacimiento que dice en letra borroneada-persona sin rastros de corazón o alma- origen desconocido-
Es verdad que no hay que darle lugar a estos seres pero para mí es imposible, estoy presa de la superstición.
Me ataca la pregunta… ¿Por qué la encontré aquí en el fin del mundo?
Cuando me di vuelta para atravesar la puerta y correr hacia un taxi sentí en la espalda su mirada letal. Como en la mancha venenosa, ella me manchó con la mirada, la violencia y la indiferencia. Ahora tengo que olvidarme y dormir.
Mañana será otro día y no more hielo.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Fin del mundo
A veces nos toca ingresar a otro mundo. Quizás por casualidad, quizás estamos buscando un sacudón.
Ahora estoy-literalmente-en otro mundo. Desde la ventana el paisaje es increíble y es todo un descubrimiento para mí.
Frío, nieve, dinero. Centro de ski cerca del sky.
No comprendo los códigos ni sé como desenvolverme en la nieve.
Hace 3 días que llegué al fin del mundo, una frase que parece resumirlo todo. Es como un "yo soy así y no puedo cambiar".Una afirmación maldita.
Y como suele sucederme, me siento más cerca que nunca. Cerca del hoy, cerca de mí.
Muchas veces decimos o pensamos "esto es el fin del mundo" y me sentí ahí, sin moverme de mi casa.
Desperté con un fuerte dolor de cabeza y el sol en la nuca provoca un sin cesar de palpitaciones raras en mi sien.
Ushuaia es una bella ciudad con montañas y todo lo demás. Estoy muy contenta de visitarla, de tener esta oportunidad.
Aquí la naturaleza es imponente, se te viene encima.
Hace unos meses, en Hokkaido, mi amiga Mio (cantante japonesa) quería convencerme de ir a un baño público. Ella practica el deporte del convencimiento y del no sufrimiento también. Sin pensarlo demasiado, le dije que no podría hacerlo, que tenía una timidez elevada. Ella me respondió-naturaleza es más grande que vergüenza-
La sabiduría oriental suele dejarte sin palabras.
Hoy, esa enseñanza cobra un valor gigante. Es así, nada tengo que hacer en este lugar pero la naturaleza es más que todo. Me entrego y me siento frente al plato de comida más caro de mi vida. Luego leeré y regresaré a la ciudad en trasporte regular.
Dentro de este restaurant suena una música. Sin ánimo de mostrar maldad deben elegir lo peor posible, quizá como castigo.
Por momentos pienso: no hay modo que vibren en la misma tonalidad visitantes y paisaje. Notas naturales y notas alteradas intentando convivir. Un silencioso combate entre negras y blancas.
Tal vez todos estamos de más. Tengo que pensarlo bien y ya no puedo seguir escribiendo. La montaña me llama y la nieve me recuerda a la propia, a la que debo sacar de mi corazón.
Compraré una pala y comenzaré el trabajo. Se acerca la primavera, el sol me dará una mano. Es natural.
Ahora estoy-literalmente-en otro mundo. Desde la ventana el paisaje es increíble y es todo un descubrimiento para mí.
Frío, nieve, dinero. Centro de ski cerca del sky.
No comprendo los códigos ni sé como desenvolverme en la nieve.
Hace 3 días que llegué al fin del mundo, una frase que parece resumirlo todo. Es como un "yo soy así y no puedo cambiar".Una afirmación maldita.
Y como suele sucederme, me siento más cerca que nunca. Cerca del hoy, cerca de mí.
Muchas veces decimos o pensamos "esto es el fin del mundo" y me sentí ahí, sin moverme de mi casa.
Desperté con un fuerte dolor de cabeza y el sol en la nuca provoca un sin cesar de palpitaciones raras en mi sien.
Ushuaia es una bella ciudad con montañas y todo lo demás. Estoy muy contenta de visitarla, de tener esta oportunidad.
Aquí la naturaleza es imponente, se te viene encima.
Hace unos meses, en Hokkaido, mi amiga Mio (cantante japonesa) quería convencerme de ir a un baño público. Ella practica el deporte del convencimiento y del no sufrimiento también. Sin pensarlo demasiado, le dije que no podría hacerlo, que tenía una timidez elevada. Ella me respondió-naturaleza es más grande que vergüenza-
La sabiduría oriental suele dejarte sin palabras.
Hoy, esa enseñanza cobra un valor gigante. Es así, nada tengo que hacer en este lugar pero la naturaleza es más que todo. Me entrego y me siento frente al plato de comida más caro de mi vida. Luego leeré y regresaré a la ciudad en trasporte regular.
Dentro de este restaurant suena una música. Sin ánimo de mostrar maldad deben elegir lo peor posible, quizá como castigo.
Por momentos pienso: no hay modo que vibren en la misma tonalidad visitantes y paisaje. Notas naturales y notas alteradas intentando convivir. Un silencioso combate entre negras y blancas.
Tal vez todos estamos de más. Tengo que pensarlo bien y ya no puedo seguir escribiendo. La montaña me llama y la nieve me recuerda a la propia, a la que debo sacar de mi corazón.
Compraré una pala y comenzaré el trabajo. Se acerca la primavera, el sol me dará una mano. Es natural.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Aliento
Alentar significa dar vigor. Mantener vivo un sentimiento.
Asocio directamente esta palabra con los maestros, quienes tienen la misión de alentar. Claro que no todos cumplen con esta tarea ni tampoco es primordial para el gremio.
Yo encontré un lugar dentro del grupo de alentadores. Porque mas que maestra me considero alentadora profesional.
Hay amigos y familiares que tienen el vicio de desalentarte, está lleno este mundo de desalentadores. Algunos lo hacen sin saberlo, algunos meditan el modo de cumplir su objetivo.
Otros te desalientan tan solo con mirarte. O te llega el viento al conocer sus modos, sus reacciones, casas, canciones, comidas y pueden tirarte fácilmente a la nada misma. Al desaliento.
También están los opuestos, los súper alentadores.
La memoria, participa del juego.
Puedo recordar perfectamente la sensación al regresar del primer concierto (para mí) de Charly García. La emoción era inmensa, no entendía que me pasaba y ahora, tomando distancia pero queriendo reservar esa “sensación” para la perpetuidad, me doy cuenta claramente que fue aliento puro.
Ya no sería la misma después de escuchar semejante música. ¡Y aún tenía que resistir toda la escuela secundaria!
Yo soy fan de Charly, no puedo ocultarlo. Su música me acerca a mi infancia, es la banda sonora de mi vida.
Charly García visitó el oeste en varias oportunidades y pude verlo dos veces. El concierto memorable del que hablo fue en un cine de floresta sobre la avenida Rivadavia. Muchos años después lo vi a Spinetta en este mismo lugar.
No es que tuviera ganas de ser Charly, no hablo de ese tipo de aliento, quería hacer mi canción pero esa fuerza venía desde él. Un guiño a la confianza-que claramente- no tenía.
También los conciertos de El amor después del amor fueron increíbles y pertenecen a la misma época. Ir hasta el centro ya era toda una aventura y no recuerdo si pedíamos permiso en casa para asistir...lo tengo completamente borrado.
También vi ese show en el Club de Morón y desde la puerta escuché la prueba de sonido. Repetían mil veces el riff de “Trafico por Katmandú”.
Mis maestros, Eduardo Percossi y Claudio Schulkin tienen un puesto primordial en mi Top de alentadores y Villavicencio es el number one. Lo es desde antes de conocerlo en persona. Y Luz de la noche es eso, aliento mutuo y amor a la música.
Para cada persona es distinto. Algunos no necesitan del aliento ajeno, tienen su propio reservorio, y tampoco pueden alentar y no está nada mal.
También hay historias que desalientan tus propios proyectos, quizá porque son muy tristes o despiertan miedos desconocidos. Y otras vidas que te brindan un vigor único.
Si todos tuviéramos una familia alentadora ¿no conseguiríamos nuestros sueños? ¿O todo lo contrario? ¿Nos puede perjudicar el exceso de empuje?
Tampoco quiero caer en ese sentimiento Yanqui indescriptible y digno de programas tales como Extreme Makeover. El ¡tu puedes hacerlo! ¡Come on! Que más que aliento suena a vacío, a falsedad. Aunque ellos se la crean.
Hace unos años conocí a “El Perro” en una calle de Ituzaingo bien temprano por la mañana.
El Perro es el genial Raúl Perrone, otro alentador en mi lista, primordial también.
Ha difundido mi obra incluyendo canciones en películas y compartiéndolas con su entorno. Mueve mágicas energías.
El es el independiente y así vive. Su coherencia es inquebrantable. Su cine es personal, fuerte.
Tiene un taller de cine en su barrio y junto a sus alumnos hicieron los videos de “Luz de la noche” que hace unos días colgué en la Web en:
http://www.youtube.com/user/PerroneLuzdelanoche
Perro querido: para mi es aliento puro este proyecto. Ver lo que otros, miradas que alientan el corazón y oídos que abren los ojos.
Un profundo dialogo entre alentadores. Una cuestión personal.
Asocio directamente esta palabra con los maestros, quienes tienen la misión de alentar. Claro que no todos cumplen con esta tarea ni tampoco es primordial para el gremio.
Yo encontré un lugar dentro del grupo de alentadores. Porque mas que maestra me considero alentadora profesional.
Hay amigos y familiares que tienen el vicio de desalentarte, está lleno este mundo de desalentadores. Algunos lo hacen sin saberlo, algunos meditan el modo de cumplir su objetivo.
Otros te desalientan tan solo con mirarte. O te llega el viento al conocer sus modos, sus reacciones, casas, canciones, comidas y pueden tirarte fácilmente a la nada misma. Al desaliento.
También están los opuestos, los súper alentadores.
La memoria, participa del juego.
Puedo recordar perfectamente la sensación al regresar del primer concierto (para mí) de Charly García. La emoción era inmensa, no entendía que me pasaba y ahora, tomando distancia pero queriendo reservar esa “sensación” para la perpetuidad, me doy cuenta claramente que fue aliento puro.
Ya no sería la misma después de escuchar semejante música. ¡Y aún tenía que resistir toda la escuela secundaria!
Yo soy fan de Charly, no puedo ocultarlo. Su música me acerca a mi infancia, es la banda sonora de mi vida.
Charly García visitó el oeste en varias oportunidades y pude verlo dos veces. El concierto memorable del que hablo fue en un cine de floresta sobre la avenida Rivadavia. Muchos años después lo vi a Spinetta en este mismo lugar.
No es que tuviera ganas de ser Charly, no hablo de ese tipo de aliento, quería hacer mi canción pero esa fuerza venía desde él. Un guiño a la confianza-que claramente- no tenía.
También los conciertos de El amor después del amor fueron increíbles y pertenecen a la misma época. Ir hasta el centro ya era toda una aventura y no recuerdo si pedíamos permiso en casa para asistir...lo tengo completamente borrado.
También vi ese show en el Club de Morón y desde la puerta escuché la prueba de sonido. Repetían mil veces el riff de “Trafico por Katmandú”.
Mis maestros, Eduardo Percossi y Claudio Schulkin tienen un puesto primordial en mi Top de alentadores y Villavicencio es el number one. Lo es desde antes de conocerlo en persona. Y Luz de la noche es eso, aliento mutuo y amor a la música.
Para cada persona es distinto. Algunos no necesitan del aliento ajeno, tienen su propio reservorio, y tampoco pueden alentar y no está nada mal.
También hay historias que desalientan tus propios proyectos, quizá porque son muy tristes o despiertan miedos desconocidos. Y otras vidas que te brindan un vigor único.
Si todos tuviéramos una familia alentadora ¿no conseguiríamos nuestros sueños? ¿O todo lo contrario? ¿Nos puede perjudicar el exceso de empuje?
Tampoco quiero caer en ese sentimiento Yanqui indescriptible y digno de programas tales como Extreme Makeover. El ¡tu puedes hacerlo! ¡Come on! Que más que aliento suena a vacío, a falsedad. Aunque ellos se la crean.
Hace unos años conocí a “El Perro” en una calle de Ituzaingo bien temprano por la mañana.
El Perro es el genial Raúl Perrone, otro alentador en mi lista, primordial también.
Ha difundido mi obra incluyendo canciones en películas y compartiéndolas con su entorno. Mueve mágicas energías.
El es el independiente y así vive. Su coherencia es inquebrantable. Su cine es personal, fuerte.
Tiene un taller de cine en su barrio y junto a sus alumnos hicieron los videos de “Luz de la noche” que hace unos días colgué en la Web en:
http://www.youtube.com/user/PerroneLuzdelanoche
Perro querido: para mi es aliento puro este proyecto. Ver lo que otros, miradas que alientan el corazón y oídos que abren los ojos.
Un profundo dialogo entre alentadores. Una cuestión personal.
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